
Nadie fue capaz de vaticinar en 1912 las consecuencias que esta droga podía producir. Casi un siglo después del descubrimiento del éxtasis todavía no podemos asegurarlas. Isabel Colado, experta del departamento de farmacología de la Universidad Complutense de Madrid, expuso en el Congreso de Bioquímica que se está celebrando en A Coruña las conclusiones a las que ha llegado su departamento, tras experimentar con ratas y monos. Los cambios detectados en el comportamiento del cerebro de los animales son muy similares a los que padece una persona al tomar éxtasis.
La experimentación ha comprobado que siete años después del consumo de éxtasis todavía existen evidencias de la degeneración neuronal que produce. «Hay una cierto progreso, pero nunca se llegan a recuperar del todo las zonas afectadas», advirtió Colado.
Esta droga de diseño tiene un efecto neuroquímico de tipo bifásico en el cerebro: «Hemos detectado dos clases de efectos cuando se consume». Los efectos agudos, o a corto plazo, producen cambios cerebrales de comportamiento, pero son reversibles y «concluyen cuando pasa el efecto de la droga».
Los cambios más inmediatos que padece una persona al ingerir la droga son: el aumento de la empatía, verborrea, mejora del estado anímico e insomnio. «Algunas de éstas son las que buscan quienes consumen éxtasis», dice Colado. Pero, por otro lado, también es responsable de alteraciones del comportamiento, aumento de la tensión muscular y de la temperatura corporal.
Entre los efectos a largo plazo los expertos ya han detectado cuadros depresivos, alteraciones de la memoria, disminución de la capacidad de aprendizaje , ansiedad, anorexia y otros trastornos neuropsiquiátricos.
Fuente: LA VOZ DE GALICIA. Redacción:
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