
Orar, asistir a los cultos religioosos o simplemente llevar una vida espiritual puede tener efectos positivos en nuestra tensión arterial, según un estudio realizado por científicos norteamericanos de la Universidad de Misisipi.
En una investigación a más de 5.300 pacientes de la localidad sureña de Jackson, los resultados de estudio sugieren que el corazón de las personas relacionadas con actividades religiosas posee una presión arterial considerablemente inferior a aquellas que no poseen credo alguno.
Esta reacción arterial se daría incluso si la persona religiosa se encuentra en peores condiciones de salud. Las conclusiones muestran que la integración espiritual puede actuar como parachoques y retrasar los efectos de la hipertensión en nuestra salud, según declaraciones de Sharon Wyatt, responsable de la investigación.
Fuente: LA VOZ DE GALICIA. Redacción:
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