
Un grupo de científicos de la Universidad de Auckland, en Nueva Zelanda, llegaron a la conclusión de que las ratas que más lamían a sus crías eran capaces de modificar sus genes hasta el punto de que transformaban su comportamiento, reduciendo su ansiedad al llegar a la madurez. Los lametazos demostraron su capacidad para desencadenar la actividad de un gen responsable de tranquilizar el organismo en situaciones estresantes.
Para descartar cualquier tipo de duda, los investigadores llegaron a intercambiar a las crías, e incluso a 'lamerlas' con un pincel, similar a la lengua materna. Nada. No quedó ninguna duda de que era el cariño el responsable de esta modificación genética sin precedentes. En el caso de los intercambios de roedores, incluso a pesar de que el cariño procediese de otra rata, las crías reaccionaron positivamente.
Lo que no son capaces de asegurar estos científicos es si las 'mamás humanas' tienen estas mismas capacidades. Las ratas nacen mucho más indefensas que el ser humano, prácticamente ciegas, por lo que desarrollan un sentido del tacto mucho más sensible que el de los humanos. Sin embargo, a pesar de las diferencias, los expertos consideran que el principio general podría ser aplicable también a los niños.
No es la primera vez que un estudio descubre alguna asociación entre la crianza y el futuro desarrollo mental de los niños, pero sí es la primera demostración de que el comportamiento materno que puede desencadenar determinados cambios genéticos en los hijos. La razón podría estar en determinadas hormonas que segrega nuestro organismo, que 'aparece' en respuesta a las situaciones estresantes.
AUCKLAND, 06-07-2003
Fuente: El Mundo. Redacción: ICPRESS